domingo, 16 de junio de 2013

Zooilógicos el principio del fin

UVA PRESS
Argentina


Zoológicos en la mira: ya cerraron uno y piden que no haya más
POR GISELE SOUSA DIAS
En Buenos Aires, Colón y Mendoza Hay reclamos para clausurarlos a todos.

El traslado de los animales del zoológico de Bahía blanca, el polvo que levantó la muerte del oso polar que vivía en medio de la ciudad de Buenos Aires y la posterior renuncia del director de ese zoo enterado de la falta de presupuesto para continuar con su “transformación”, calentaron el ambiente. Y las denuncias y los videos que mostraron al zoo de Mendoza como un cementerio de animales a cielo abierto, pusieron la pieza que faltaba. Por un lado, están quienes exigen el cierre definitivo de los zoológicos y la liberación de los animales; por otro, están quienes aseguran que eso es una utopía y que hasta podría causar un desastre ecológico.
En un lugar intermedio están quienes explican que los zoológicos “vidriera” con animales sólo para su exhibición perdieron su razón de ser y que necesitan dar un giro urgente.
“Se le niega al animal su libertad con el afán de usarlo como objeto de entretenimiento. Por eso pedimos el cierre del zoológico”, dijo a ClarínSoledad Moretti, presidenta de la Red Animalista Mendoza. Se refiere al polémico zoológico mendocino que acumula años de denuncias tras la difusión de un video en el que se ve un chimpancé muerto y sin vísceras, brazos de monos, cuerpos de guanacos y patas de ciervos en los pasillos por donde pasean los turistas. Su postura es radical: no aprueban la idea del gobierno de convertir a ese zoo en un “bioparque”, es decir, transformarlo en una especie de reserva en donde las especies “únicas” puedan reproducirse y ser reintroducidas a la naturaleza. Los impulsores de “Cerrar el zoo” de Colón, Buenos Aires, tienen una mirada similar: “No son divertidos. No ayudan a conservar especies en peligro de extinción –si queremos salvar especies, conservemos sus hábitats, combatamos la caza–.
No trabajan para reintroducir los animales en su medio ”, dicen en su perfil de Facebook.
El zoológico municipal de La Rioja también está en la mira. Hace tres semanas, un oso de allí atacó a una nena de dos años y le provocó una lesión en los dedos de una de sus manos. La madre dijo que se sentía culpable porque su hija se acercó peligrosamente al animal “en un descuido”. Las entidades ambientalistas reclamaron que lo clausuren de inmediato.
“Los zoológicos en Argentina son un desastre pero cerrarlos sería una utopía: es imposible restituirlos a la naturaleza”, piensa, en cambio, Carlos Fernández Balboa, museólogo y miembro de la Fundación Vida Silvestre. “No se trata sólo de soltarlos. Al introducir un animal que estuvo en cautiverio se puede ocasionar un desastre ambiental, por ejemplo, introduciendo enfermedades o mezclando especies. Además, hay una realidad: algunos hábitats han desaparecido, como el del rinoceronte”.
En Bahía Blanca, sin embargo, tomaron una decisión distinta: “Los zoológicos son victorianos y nacieron en el mundo tras los descubrimientos de nuevos territorios, como una forma de mostrar en el viejo mundo aquello exótico y desconocido. Eso significa que, con la invención de la fotografía, el cine, la televisión e Internet los zoológicos comenzaron a perder su justificación”, explica Marcello Marcolini, miembro de la Asociación protectora de animales del Sur, que movió los hilos para lograr el cambio. “Luego se les buscó una intención científica pero también perdió sentido porque, domesticados y fuera de su hábitat natural los animales tienen casi el mismo comportamiento que un gato o un perro. Y quienes dicen que sirven para la conservación deben saber que tenemos reservas naturales impresionantes, sin rejas, donde deberíamos conservar las especies autóctonas: no un oso polar”. La Plataforma Bahiense De Protección Animal finalmente, después de años de lucha y un complejo operativo, logró que trasladaran a los animales enjaulados del zoo de Bahía Blanca al “Complejo Jardín Biológico de América”, emplazado en un bosque de 354 hectáreas.
Que los zoológicos perdieron su razón de ser, lo dijo Claudio Bertonatti el día en que renunció a la dirección del zoo porteño: “El zoológico no puede ser más sólo un paseo donde se exhiban animales con fin comercial. Su finalidad debe ser contribuir a conservar la naturaleza con acento en la fauna local.
Tenés que tener un puñado de especies carismáticas pero el desafío es derivar la atención a la fauna argentina, que está en situación crítica.
Y que la gente se lleve un mensaje que lo empuje a mejorar su relación con el medio ambiente”. Lo cierto, coincide Fernández Balboa, es que “tener animales en cautiverio exige tomar la responsabilidad de tener estrategias de conservación, investigación, educación y entretenimiento. Y hoy, en la enorme mayoría de los 100 zoo del país, la única que se cumple es la última: entretener con animales de colección en una vidriera”. Lo que hay que hacer, entonces, es invertir la ecuación”.

Publicado en Diario Clarín